El agua – compasiva, nueva y justa –
cae con precisión por fin sobre el lentisco. Entre su vertical existencia, la luz secreta y frágil de un sol primero mide la masa exacta de cada ser. Su claridad acuosa muestra la intimidad de lo que nos rodea. La piedra ocupa el sitio de la piedra. Como río discurre el río y los pájaros se guarecen como pájaros, hechos ovillos de silencio y espera, bajo un árbol que tiene aspecto de árbol. La humedad de los días invernales va acercándonos a la transparencia olvidada del mundo y nos confirma las razones del agua que cae más allá del centro de la piedra desnuda. |
| ONIEVA, FRANCISCO |