Por qué aún no me detienes, sombra callada al borde de esta hora. Mi curva es tan pequeña, tan corto el aire que a mi paso quiebro. Tan solo el esqueleto que en lenta marcha se acomoda al suelo. Sería tan sencillo dejarme resbalar por la pendiente del polvo de tus eras, dejarme descansar donde los templos de siglos acumulan pasiones que ya fueron. De mi prisión quisiera sacarme, destruir la permanencia sin nombre que bascula. Perdí la llave, se olvidó la muerte de colocar en mí su cerradura.
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