viernes, 14 de marzo de 2014

¡Dime qué dices, mar!


¡Dime qué dices, mar, qué dices, dime! 
Pero no me lo digas; tus cantares 
son, con el coro de tus varios mares, 
una voz sola que cantando gime.

Ese mero gemido nos redime 
de la letra fatal, y sus pesares, 
bajo el oleaje de nuestros azares, 
el secreto secreto nos oprime.

La sinrazón de nuestra suerte abona, 
calla la culpa y danos el castigo; 
la vida al que nació no le perdona;



de esta enorme injusticia sé testigo, 
que así mi canto con tu canto entona, 
y no me digas lo que no te digo.



Miguel de Unamuno