martes, 26 de mayo de 2015

Angelita Sevilla Segovia Gaviota


Gaviota
Vuela, vuela, gaviota,
vuela surcando los mares,
y cuéntame de otros mundos,
lo que de tu corazón sale.

No te vuelvas gaviota,
sin traerme las noticias,
que yo te estaré esperando,
Date prisa, date prisa.

Gaviota peregrina, que vuela,
al filo del viento,
no te arredres gaviota,
y métete mar adentro.

Cuando empieza a amanecer,
tu "voz" se hace sonar,
¿Qué bién viniste a traer,
del otro lado del mar?

Gaviota quiso ser ,
la hija del jardinero
porque la vio de volar,
muy cerquita de los cielos.

Voló su imaginación,
voló con el pensamiento,
y no supo donde estaba,
para salir a su encuentro.

Vuela gaviota, vuela,
vuela surcando los mares,
que yo te estaré esperando,
en el jardín de mi padre.

Angelita Sevilla

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lunes, 25 de mayo de 2015

Jose Cadalso

Todo lo muda el tiempo, Filis mía,
todo cede al rigor de sus guadañas:
ya transforma los valles en montañas,
ya pone un campo donde un mar había.

Él muda en noche opaca el claro día,
en fábulas pueriles las hazañas,
alcázares soberbios en cabañas,
y el juvenil ardor en vejez fría.

Doma el tiempo al caballo desbocado,
detiene el mar y viento enfurecido,
postra al león y rinde al bravo toro.

Sola una cosa al tiempo denodado
ni cederá, ni cede, ni ha cedido,
y es el constante amor con que te adoro.


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sábado, 23 de mayo de 2015

Luis G. Urbina DONES


Mi padre fue muy bueno: me donó su alegría
ingenua; su ironía
amable: su risueño y apacible candor.
¡Gran ofrenda la suya! Pero tú, madre mía,
tú me hiciste el regalo de tu suave dolor.
Tú pusiste en mi alma la enfermiza ternura,
el anhelo nervioso e incansable de amar;
las recónditas ansias de creer; la dulzura
de sentir la belleza de la vida, y soñar.
Del ósculo fecundo que se dieron dos seres
-el gozoso y el triste- en una hora de amor,
nació mi alma inarmónica; pero tú, madre, eres
quien me ha dado el secreto de la paz interior.
A merced de los vientos, como una barca rota
va, doliente, el espíritu; desesperado, no.
La placidez alegre poco a poco se agota;
mas sobre la sonrisa que me dio el padre, brota
de mis ojos la lágrima que la madre me dio.



viernes, 22 de mayo de 2015

INVOCACION AL LAUREL A Pepe Cienfuegos



Por el horizonte confuso y doliente
venía la noche preñada de estrellas.
Yo, como el barbudo mago de los cuentos,
sabía el lenguaje de flores y piedras. 

Aprendí secretos de melancolía,
dichos por cipreses, ortigas y yedras;
supe del ensueño por boca del nardo,
canté con los lirios canciones serenas. 

En el bosque antiguo, lleno de negrura,
todos me mostraban sus almas cual eran:
el pinar, borracho de aroma y sonido;
los olivos viejos, cargados de ciencia;
los álamos muertos, nidales de hormigas;
el musgo, nevado de blancas violetas. 

Todo hablaba dulce a mi corazón
temblando en los hilos de sonora seda
con que el agua envuelve las cosas paradas
como telaraña de armonía eterna. 

Las rosas estaban soñando en la lira,
tejen las encinas oros de leyendas,
y entre la tristeza viril de los robles
dicen los enebros temores de aldea. 

Yo comprendo toda la pasión del bosque:
ritmo de la hoja, ritmo de la estrella.
Mas decidme, ¡oh cedros!, si mi corazón
dormirá en los brazos de la luz perfecta. 

Conozco la lira que presientes, rosa:
formé su cordaje con mi vida muerta.
¡Dime en qué remanso podré abandonarla
como se abandonan las pasiones viejas! 

¡Conozco el misterio que cantas, ciprés;
soy hermano tuyo en noche y en pena;
tenemos la entraña cuajada de nidos,
tú de ruiseñores y yo de tristezas! 

¡Conozco tu encanto sin fin, padre olivo,
al darnos la sangre que extraes de la Tierra,
como tú, yo extraigo con mi sentimiento
el óleo bendito que tiene la idea! 

Todos me abrumáis con vuestras canciones;
yo sólo os pregunto por la mía incierta;
ninguno queréis sofocar las ansias
de este fuego casto que el pecho me quema. 

¡Oh laurel divino, de alma inaccesible,
siempre silencioso, lleno de nobleza!
¡Vierte en mis oídos tu historia divina,
tu sabiduría profunda y sincera! 

¡Árbol que produces frutos de silencio,
maestro de besos y mago de orquestas,
formado del cuerpo rosado de Dafne
con savia potente de Apolo en tus venas! 

¡Oh gran sacerdote del saber antiguo!
¡Oh mudo solemne cerrado a las quejas!
Todos tus hermanos del bosque me hablan;
¡sólo tú, severo, mi canción desprecias! 

Acaso, ¡oh maestro del ritmo!, medites
lo inútil del triste llorar del poeta.
Acaso tus hojas, manchadas de luna,
pierdan la ilusión de la primavera. 

La dulzura tenue del anochecer,
cual negro rocío, tapizó la senda,
teniendo de inmenso dosel a la noche,
que venía grave, preñada de estrellas. 




jueves, 21 de mayo de 2015

Demasiado viejo

Ya no quiero ser nada
la vejez me acecha
y ya  esta conmigo
No quiero figurar,
no tengo tiempo
de engañar a la gente
de fingir lo que no soy
de engañarme por dentro
de encerrarme en mi mente
y me refugio, me escondo 
en mi nefasto adentro.
Ya no quiero ser
apenas  queda tiempo
antes lo malgasté y ahora
no necesito ni aire, 
ni siquiera viento.
Quiero pedir perdón 
a todo el que conozco
quiero pedir perdón 
y ser por fin honesto, 
no soy lo que creías
ni lo que  represento,
soy una pura mierda
oscuro, infiel y lerdo,
soy como una falsa imagen
 un bicho deshonesto.
Si podeis  perdonarme
yo ya no puedo hacerlo.
Ya no me queda tiempo 
¡ cuanta vida  perdida !
quiero reírme de mi 
 ponerme al descubierto
pero ya soy ¡ Dios mío ! demasiado viejo.
demasiado viejo.

c. valcarcel


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miércoles, 20 de mayo de 2015

El pájaro


En el silencio transparente
el día reposaba:
la transparencia del espacio
era la transparencia del silencio.
La inmóvil luz del cielo sosegaba
el crecimiento de las yerbas.
Los bichos de la tierra, entre las piedras,
bajo la luz idéntica, eran piedras.
El tiempo en el minuto se saciaba.
En la quietud absorta
se consumaba el mediodía.
Y un pájaro cantó, delgada flecha.
Pecho de plata herido vibró el cielo,
se movieron las hojas,
las yerbas despertaron...
Y sentí que la muerte era una flecha
que no se sabe quién dispara
y en un abrir los ojos nos morimos

Octavio Paz


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martes, 19 de mayo de 2015

Ida Vitale premio Reina Sofia de poesía Iberoamericana



Ida Vitale (Montevideo, 1923) es poeta, narradora y traductora. Se la considera parte de la generación del 45 junto a autores como Ángel Rama, Emir Rodríguez Monegal o Juan Carlos Onetti. En el año 2009 se le otorga el Premio Internacional Octavio Paz de Poesía y Ensayo. Candidata varias veces al Premio Cervantes y al Reina Sofía de Poesía. Entre sus libros destacan: Mella y criba (Pre-Textos), Trema (Pre-Textos), Reducción del infinito (Tusquets) y Léxico de afinidades (FCE). -

Premio Reina Sofia de poesía Iberoamericana


Poema Abuela de Ida Vitale

En una luz verdosa, entre olores verdosos,
en un vestido negro como papel quemado,
la abuela se refleja desde la mecedora,
al fondo del espejo.
Allí sentada no se hamaca. Cruje.
Se le evaporan casamiento y casas,
ocasiones de cuita, los narrados,
secos jirones que de a poco dieron
gusto a sangre en la boca a la familia:
las guerras y los muertos pequeñitos,
y los que luego luto le vistieron.
Y también el amor, si acaso hubo,
la aridez de los años, la gota de molicie
que murió inútil en su piel reseca.
Todo tal la merienda sorbida tarde a tarde,
de inmediato olvidada.
Fue inmune a la viruela.
Ignoró la codicia.
No vio la conyugal Sicilia
ni muchas calles de Montevideo.
Durante décadas le bastó una amiga
y los recuerdos de un Rosario mínimo.
Sólo insistía en recordar el nombre
en italiano del durazno.
Como el sabor, se le olvidaba.
Sé que sobre sus faldas tibias,
tibia dormía otra Verdad secreta
que acunó su quietud.
La luz bajo cortinas de filé melancólico,
por años la enfrenté desde otra mecedora,
sin lograr alcanzarla.



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