viernes, 28 de agosto de 2015

A Silvia Giacomo Liopardi

¿Todavía recuerdas
de tu vida mortal, Silvia, aquel tiempo,
en el que la beldad resplandecía
en tus ojos huidizos y rientes,
y alegre y pensativa, los umbrales
juveniles cruzabas?

Resonaban las calmas
estancias, y las calles
vecinas con tu canto inagotable,
mientras a las labores femeniles
te sentabas, dichosa
de aquel vago futuro de tus sueños.
Era el mayo oloroso: y tú solías
pasar el día así.

Yo los gratos estudios
tal vez dejando y los sudados pliegos,
que mi temprana edad
gastaban y de mí la mejor parte,
en los balcones del hogar paterno
escuchaba el sonido de tu voz
y tu mano ligera
recorriendo la tela fatigosa.
Miraba el cielo calmo,
los dorados caminos y los huertos,
y allá el lejano mar, y allá los montes.
Lengua mortal no dice
lo que mi alma sentía.

¡Qué dulces pensamientos
que esperanzas, qué pálpitos, oh Silvia!
¡Cómo la vida humana
y el hado contemplábamos!
Cuando recuerdo tantas ilusiones,
me abruma un sentimiento
acerbo y sin consuelo,
y me vuelve a doler mi desventura.
Oh tú, naturaleza,
¿por qué no das después
lo que un día prometes? ¿por qué tanto
engañas a tus hijos?
Antes que el frío arideciera el prado,
de extraña enfermedad presa y vencida,
moriste, oh mi ternura, sin que vieras
las flores de tu edad;
no alegraba tu alma
el dulce elogio o de las negras trenzas
o de tu vista esquiva y amorosa;
ni contigo en las fiestas las amigas
de amoríos hablaban.

También murieron pronto
mis dulces esperanzas: a mis años
también les negó el hado
la juventud. ¡Ah, cómo,
cómo pasaste, cara compañera
de mi primera edad,
mi llorada ilusión!

¿Es este el mundo aquel? ¿Éstas las obras,
el amor, los sucesos, los placeres
de los que tanto entre los dos hablábamos?
¿esta es la suerte de la raza humana?
Al llegar la verdad
tú, mísera, caíste: y con la mano
la fría muerte y la desnuda tumba
de lejos señalabas.

http://www.poesiascortas.es

jueves, 27 de agosto de 2015

Casa de la ramera Oscar Wilde

Seguimos la huellas de pies que bailaban
hacia la calle alumbrada de luna
y nos detuvimos bajo la casa de la ramera.

Adentro, por sobre estrépito y movimiento,
oímos los músicos tocando a gran volumen
el «Treues Liebes Herz» de Strauss.

Como formas extrañas y grotescas,
realizando fantástico arabesco
corrían sombras detrás de las cortinas.

Vimos girar los fantasmales bailarines
al ritmo de violines y de cuernos
cual hojas negras llevadas por el viento.

Igual que marionetas tiradas de sus hilos
las siluetas de magros esqueletos
se deslizaban en la lenta cuadrilla.

Tomados de la mano
bailaban majestuosa zarabanda;
y el eco de las risas era agudo y crispado.

veces un títere de reloj apretaba
la amante inexistente contra el pecho,
y otras parecía que querían cantar.

A veces una horrible marioneta
se asomaba al umbral fumando un cigarrillo
Como cosa viviente.

Entonces, volviéndome a mi amor dije,
«Los muertos bailan con los muertos,
el polvo se arremolina con el polvo».

Pero ella escuchó el violín,
se apartó de mi lado y entró:
entró el Amor en casa de Lujuria.

Súbitamente, desentonó la melodía,
se fatigaron de danzar el vals,
las sombras dejaron de girar.

Y por la larga y silenciosa calle
en sandalias de plata asomó el alba
como niña asustada.
  
Versión de E. Caracciolo Trejo

miércoles, 26 de agosto de 2015

TU ESPALDA Ramón ALMAGRO




Tu espalda es mi descanso, mi sosiego,
es la calma después de haber amado,
tu espalda es un refugio donde llego
a lamer mis heridas angustiado.

Tu espalda es taller de mi poesía
en las noches que paso desvelado,
tu espalda tiene el fin de cada día,
es el sueño y un beso ya cansado.

Y si todo se me hace cuesta arriba,
si la vida se ensaña con mi vida,
más que nunca, tu espalda es necesaria,

Pues si es dura la mano del destino,
tu espalda es el altar donde me inclino
para llegar a Dios... con mi plegaria.



lunes, 24 de agosto de 2015

Amargo Amor

Amargo amor
Teje tu tela, teje de nuevo tu tela;
Deja que el mes de junio azote el invierno de mi patria;
Teje la tela de acero y de cemento;
Junta tus hilos uno a uno, oh hermoso tejedor;
Forma tu tela con fuertes lazos,
Con orgullosos rastros de sueño.
Toda la tierra está en las colas del amor;
En las ciénagas del amor podridas están las manzanas.
Cada día tiene un eco, un paso, un rastro, gemido;
Cada día la estancia recibe la visita del cuerpo en el lecho;
Cada día hay una mano que desnuda;
Cada día descansa la ropa en las sillas brillantes por el polvo.
Teje tu tela, oh hermoso tejedor;
Teje los restos de los cuerpos que se unieron.
Entre tus hondos pechos de relámpagos quietos,
Entre tu vientre oculto de cesto dividido,
En la cálida ráfaga que viene de tu abrazo,
Fui un día tu sombra, el "cuándo" entristecido,
El "adónde" que lleva hacia una muerte cierta.
Ya moriré algún día sin preguntar qué pasa,
Qué pasa entre tus hombros, en el temblor de espiga
De tu escorzo de nieve,
Qué viene por los ecos que acarician tu pelo,
Qué flechas encendidas acumulan tus manos,
Qué enamorado encuentro ha de tocar tu beso.
No es para volver, no es para cantar
Sino tu verde corazón transfigurado,
La melodiosa sombra que duerme en tus pupilas,
El afán escondido que tenía tu ausencia.
Recógeme, amor mío, con tus cálidas plumas;
Recógeme y húndeme tu ternura llagada;
Colócame en tu olvido, recógeme cantando.
No es para que preguntes, no es para que indagues
El sitio donde puse mi corazón hundido;
Recógeme, ahora, para estar en lo ausente,
Sin preguntar qué ocurre, qué pasa, por qué vuelves
Tu cabeza de ausente firmamento.
Cae ahora hacia mi lado; vuelve
A dividir tu cuerpo, a derramar tu furia,
Hasta que te estremezca el nombre del combate
Que a muerte libraremos, esa pasión a muerte
Entre tú y yo: un huracán de manos
Nos hallará apretados en los dones sin término
De una tierra total.

sábado, 22 de agosto de 2015

El Celaje


¿A dónde fuiste, amor; a dónde fuiste?
Se extinguió en el poniente el manso fuego,
y tú que me decías: "Hasta luego,
volveré por la noche"... ¡No volviste!
¿En que zarzas tu pie divino heriste?
¿Que muro cruel te ensordeció a mi ruego?
¿Que nieve supo congelar tu apego
y a tu memoria hurtar mi imagen triste?
¡Amor, ya no vendrás! En vano, ansioso,
de mi balcón atalayando vivo
el campo verde y el confín brumoso.
Y me finge un celaje fugitivo
nave de luz en que, al final reposo,
va tu dulce fantasma pensativo.


Amado Nervo 

jueves, 20 de agosto de 2015

Alba Federico Garcia Lorca

ALBA 

Mi corazón oprimido
siente junto a la alborada
el dolor de sus amores
y el sueño de las distancias.
La luz de la aurora lleva
semillero de nostalgias
y la tristeza sin ojos
de la médula del alma.
La gran tumba de la noche
su negro velo levanta
para ocultar con el día
la inmensa cumbre estrellada. 

¡Qué haré yo sobre estos campos
cogiendo nidos y ramas,
rodeado de la aurora
y llena de noche el alma!
¡Qué haré si tienes tus ojos
muertos a las luces claras
y no ha de sentir mi carne
el calor de tus miradas! 

¿Por qué te perdí por siempre
en aquella tarde clara?
Hoy mi pecho está reseco
como una estrella apagada. 


http://www.manosalarte.com/federicogarcialorca.html

miércoles, 19 de agosto de 2015