miércoles, 6 de mayo de 2015

El indio triste Jaun de Dios Peza


(Leyenda mexicana)

Es media noche; la luna
irradia en el firmamento;
y riza al pasar el viento
las ondas de la laguna.

En el bosque secular,
y entre el tupido ramaje,
turba el pájaro salvaje
la quietud con su cantar.

Y entre los contornos vagos
del horizonte, a lo lejos
brillan cual claros espejos,
al pie del monte, los lagos.

Yace en paz, sola y rendida
de Tenoch la ciudad bella,
parece que impera en ella
la muerte más que la vida.

Y no es ficción, es verdad;
que fue tan triste su suerte
que la orillan a la muerte
el luto y la soledad.
Su esplendor está apagado
de la guerra al terremoto;
el gran huebuetl está roto
y el teponaxtle callado.

No alumbra el teocal, la luz
del copal de suave aroma,
porque el teocal se desploma
bajo el peso de la cruz.

No cubren mantos de pluma
los cuerpos de altivos reyes;
tiene otro Dios y otras leyes
la tierra de Moctezuma.

Y ante este Dios y esta ley
que transforman su recinto
sólo al César Carlos Quinto
reconoce como rey.

¡Cuántos heroicos afanes!
¡Cuántos horribles estragos
han visto bosques y lagos,
ventisqueros y volcanes!

Está el palacio vacío
sin pompas ni ricas galas;
desiertas se ven sus salas
su exterior mudo y sombrío.

Y zumba en su derredor
del viento la aguda queja,
como un suspiro que deja
honda impresión de dolor.

Es el profundo lamento
de una raza sin fortuna:
¡la sangre que en la laguna
flota y se queja en el viento!

Por eso duerme rendida
de Tenoch la ciudad bella,
como si imperase en ella
la muerte más que la vida.


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