lunes, 12 de febrero de 2018

La leona y el oso

Dentro de un bosque oscuro y silencioso 
Con un rugir continuo y espantoso 
Que en medio de la noche resonaba, 
Una leona a las fieras inquietaba. 
Dícela un oso: “Escúchame una cosa: 
¿Qué tragedia horrorosa 
O qué sangrienta guerra 
Qué rayos, o qué plagas a la tierra 
Anuncia tu clamor desesperado, 
En el nombre de Júpiter airado?” 
“¡Ah! mayor causa tienen mis rugidos. 
Yo, la más infeliz de los nacidos, 
¿Cómo no moriré desesperada 
Si me han robado el hijo? ¡ay desdichada!” 
“¡Hola! ¿conque eso es todo? 
Pues si se lamentasen de ese modo 
Las madres de los muchos que devoras, 
Buena música hubiera a todas horas. 
Vaya, vaya, consuélate como ellas; 
No nos quiten el sueño tus querellas.”
A desdichas y males 
Vivimos condenados los mortales. 
A cada cual, no obstante, le parece, 
Que de esta ley una excepción merece; 
Así nos conformamos con la pena, 
No, cuando es propia, sí, cuando es ajena.




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